Cada 20 de noviembre, el Día Internacional de los Derechos de las Infancias, nos recuerda el compromiso de proteger y promover el bienestar integral de los niños y niñas de todo el mundo. Entre estos derechos, el acceso a la salud, que incluye la atención bucodental, es fundamental para garantizar una niñez plena y libre de enfermedades que afecten su desarrollo físico, mental y emocional. 

En este marco, el papel de los odontólogos en la promoción de la salud bucodental infantil es clave para asegurar que se cumpla el derecho de cada niño a disfrutar de una vida sana y sin dolor.

La caries dental es la enfermedad crónica más común en la infancia, y su prevalencia es alarmante. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), afecta a más de 600 millones de niños en el mundo. En América Latina, la prevalencia de caries infantil puede alcanzar hasta el 70% en países en vías de desarrollo. Esta enfermedad, causada principalmente por el consumo excesivo de azúcar y la falta de higiene bucal adecuada, no solo provoca dolor, sino que también puede interferir en actividades fundamentales para la infancia, como comer, dormir y hablar.

Frente a esta realidad, desde el Colegio de Odontólogos de la Provincia de Buenos Aires Distrito 4 (COPBAD4) asumimos un rol activo en la promoción de una cultura de prevención y educación en salud bucodental, alineada con el enfoque preventivo que impulsa la OMS. En sintonía con las políticas de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), trabajamos para integrar la salud bucal en la atención primaria y fortalecer el acceso a la atención odontológica. 

Educar a los niños en hábitos de higiene bucodental y promover visitas regulares al dentista son prácticas que deberían comenzar desde el primer año de vida.

Por otro lado, el COPBAD4 subraya la importancia de desterrar mitos profundamente arraigados, como la creencia de que los dientes de leche no necesitan tratamiento porque “se caerán”. Los dientes de leche cumplen una función esencial al reservar espacio para los dientes permanentes; su pérdida prematura puede llevar a problemas de alineación y mayor susceptibilidad a infecciones recurrentes. 

Además de la prevención de la caries, las y los odontólogos también juegan un papel importante en la atención de traumatismos dentales, otra de las patologías más comunes en la infancia. Golpes o caídas pueden dañar los dientes temporales y afectar la formación de los dientes permanentes, por lo que recomendamos acudir inmediatamente al odontólogo tras un traumatismo para evaluar el daño y aplicar el tratamiento adecuado.

La Organización Panamericana de la Salud, a través de su “Plan de Salud Oral para las Américas 2006-2016”, subraya la necesidad de integrar a los odontólogos en equipos multidisciplinarios de salud materno-infantil, en los que colaboren con médicos, pediatras, ginecólogos y nutricionistas. Este enfoque apunta a que los odontólogos no solo actúen en la prevención de enfermedades bucales, sino que contribuyan a una atención integral que considere factores sistémicos y sociales que afectan la salud bucal de los niños.

Pero además, los niños deben recibir una educación temprana en hábitos de cuidado bucal que incluyan cepillarse correctamente, limitar el consumo de azúcar, y realizar controles odontológicos periódicos.

La evidencia científica respalda la importancia de la atención odontológica en niños menores de cinco años para prevenir enfermedades que pueden afectar su desarrollo y bienestar a largo plazo. Esta intervención temprana es esencial para crear una futura población adulta con buena salud bucal. 

Así, cada 20 de noviembre, en el Día Internacional de los Derechos de las Infancias, el COPBAD4 renueva su compromiso con la salud y el bienestar de los niños, recordando que la salud bucal no es solo una cuestión de prevención de enfermedades, sino un derecho humano fundamental. 

Es responsabilidad de todos —instituciones de salud, profesionales, padres y educadores— promover una cultura de cuidado y respeto por la salud infantil, en la que la atención bucal sea una prioridad. Al garantizar una infancia saludable, estamos no solo cuidando el presente, sino construyendo un futuro con adultos más sanos y conscientes del valor de su salud.