Para Andrea Muiño (MN 31048 y MP 44046), odontóloga, ortodoncista y especialista en Estomatología, el cuidado de la boca debe formar parte del abordaje integral de las personas con enfermedades crónicas. 

En este diálogo explica por qué patologías como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y los trastornos autoinmunes mantienen una estrecha relación con la salud oral y por lo que la prevención y el trabajo interdisciplinario resultan fundamentales.

¿Por qué es importante incorporar el cuidado de la salud bucal dentro del abordaje integral de los pacientes con enfermedades crónicas? ¿Qué relación existe entre la salud oral y enfermedades como la diabetes, las patologías cardiovasculares o las enfermedades autoinmunes?

El cuidado de la salud bucal es parte del cuidado de la salud general. Hoy sabemos que las enfermedades de la boca, especialmente la periodontitis, generan inflamación crónica y episodios de bacteriemia que pueden influir en la evolución de patologías como la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y diversas enfermedades autoinmunes.

Los estudios epidemiológicos y poblacionales a gran escala, junto con investigaciones clínicas y experimentales, subrayan la importancia crucial de la salud bucal para la salud sistémica. Las poblaciones especialmente vulnerables ponen de manifiesto esta relación bidireccional entre ambas.

En el caso de la diabetes, la relación es claramente bidireccional: la periodontitis dificulta el control glucémico y, a su vez, la diabetes mal controlada acelera la progresión de la enfermedad periodontal.

En el ámbito cardiovascular, la inflamación sistémica y la presencia de bacterias orales en las placas ateroscleróticas se asocian con un mayor riesgo de eventos cardíacos.

En enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoidea, se observan mecanismos inflamatorios compartidos y una mayor prevalencia de enfermedad periodontal. Por eso, integrar la salud bucal al abordaje clínico mejora la prevención, el control y la calidad de vida de estos pacientes.

¿Cuáles son las principales alteraciones bucales que suelen presentar las personas con enfermedades crónicas y qué factores influyen en su aparición o evolución?

Las alteraciones más frecuentes son la enfermedad periodontal (gingivitis y periodontitis), favorecida por la inflamación sistémica, el mal control metabólico y la higiene deficiente. La enfermedad periodontal se ha asociado con la diabetes, el síndrome metabólico, la obesidad, los trastornos alimentarios, la enfermedad hepática, las enfermedades cardiovasculares, la enfermedad de Alzheimer, la artritis reumatoidea, los resultados adversos del embarazo y el cáncer.

También son frecuentes las caries y las lesiones radiculares, relacionadas con cambios en la dieta, la disminución del flujo salival y las dificultades para mantener una higiene adecuada.

La xerostomía o sensación de boca seca es muy común, ya sea por efecto de la medicación o por enfermedades autoinmunes como el síndrome de Sjögren.

Otra complicación son las infecciones oportunistas, como la candidiasis, especialmente en pacientes inmunocomprometidos o que reciben tratamientos inmunosupresores. Además, existe evidencia sobre el papel de bacterias cultivables y no cultivables, como Helicobacter pylori, en el desarrollo de determinadas patologías bucales.

También pueden aparecer alteraciones de la mucosa oral, como úlceras o liquen plano, que pueden agravarse por el estrés, las alteraciones inmunológicas o la medicación.

La evolución de estas patologías depende del control de la enfermedad de base, del tipo de tratamiento farmacológico, de la higiene oral, la alimentación, el tabaquismo y la frecuencia de los controles odontológicos.

Entre los mecanismos que explican la relación entre salud bucal y salud sistémica se encuentran factores genéticos, factores ambientales —como el estrés, el tabaquismo o las dietas ricas en grasas y alimentos ultraprocesados—, el uso de determinados medicamentos, la disbiosis microbiana, las bacteriemias y una respuesta inmunitaria alterada del huésped. Estas asociaciones ocurren en un contexto de inflamación sistémica crónica y alteraciones del sistema inmunitario.

En muchos casos, los pacientes con enfermedades crónicas reciben múltiples medicamentos durante largos períodos. ¿Cómo pueden estos tratamientos afectar la salud bucal y qué cuidados preventivos deberían tenerse en cuenta?

Los tratamientos prolongados pueden impactar significativamente en la salud bucal.

Entre los efectos más frecuentes se encuentran la xerostomía inducida por fármacos, que aumenta el riesgo de caries y enfermedad periodontal; el agrandamiento gingival o cambios inflamatorios asociados a determinados antihipertensivos, inmunosupresores o anticonvulsivantes; y una mayor susceptibilidad a infecciones en pacientes que reciben corticoides o inmunomoduladores.

También es importante considerar los riesgos durante los procedimientos odontológicos en personas que toman anticoagulantes o antiagregantes. Una mención especial merecen los pacientes con osteoporosis tratados con medicación antirresortiva y su relación con la osteonecrosis de los maxilares asociada a medicamentos (ONAM).

Como medidas preventivas se recomienda realizar controles odontológicos regulares desde el inicio del tratamiento crónico, reforzar la higiene oral mediante un cepillado adecuado, limpieza interdental y colutorios cuando estén indicados; manejar la xerostomía con hidratación frecuente, saliva artificial y evitando el alcohol y el tabaco; y mantener una adecuada coordinación entre el odontólogo y el médico tratante cuando existe medicación de riesgo.

¿Qué recomendaciones debería seguir un paciente con una enfermedad crónica para mantener una buena salud oral y evitar complicaciones?

Las recomendaciones fundamentales son realizar controles odontológicos periódicos, idealmente cada tres a seis meses; mantener una higiene oral rigurosa con cepillado dos o tres veces por día utilizando pasta fluorada y limpieza interdental diaria; evitar el tabaco, ya que agrava la enfermedad periodontal y aumenta el riesgo de cáncer oral; cuidar la alimentación reduciendo el consumo de azúcares libres y bebidas azucaradas; informar siempre al odontólogo sobre los diagnósticos médicos y la medicación que recibe; y consultar ante cualquier síntoma como sangrado, movilidad dentaria, úlceras persistentes o sensación de boca seca.

¿Cómo debería ser el trabajo conjunto entre odontólogos y otros profesionales de la salud para lograr un seguimiento más adecuado de estos pacientes? ¿Qué desafíos existen todavía en la integración de la atención bucal al sistema sanitario?

El abordaje ideal es interdisciplinario. El odontólogo debe formar parte del equipo que acompaña al paciente con enfermedad crónica, junto con médicos clínicos, cardiólogos, diabetólogos, reumatólogos, nutricionistas y otros especialistas.

Lo deseable es contar con derivaciones bidireccionales entre odontología y medicina, protocolos compartidos para el manejo de la medicación, el riesgo periodontal y la educación para la salud, además de historias clínicas integradas que incluyan información tanto bucal como sistémica.

Abordar la higiene bucal no solo es esencial para la salud dental, sino que también contribuye a disminuir la carga de las enfermedades crónicas. Mejorar la gestión de la salud bucal, aumentar la concientización pública y garantizar una atención odontológica accesible puede tener un profundo impacto en los resultados de salud.

Las instituciones sanitarias deberían incorporar la salud bucal dentro de la atención integral de pacientes con enfermedades cardiovasculares y otras patologías crónicas, incluyendo educación para la salud y estrategias preventivas. Este enfoque integral permitiría reducir riesgos a largo plazo y mejorar la calidad de vida.

Entre los principales desafíos persisten la fragmentación del sistema de salud, las barreras de acceso a la atención odontológica y la escasa sensibilización sobre el impacto que tiene la salud bucal en las enfermedades crónicas. Integrar definitivamente la odontología al sistema sanitario es un paso clave para mejorar los resultados clínicos y la calidad de vida de la población.